Las inmunizaciones son una prioridad sanitaria (RM N° 579-2008/MINSA), así como un servicio y una actividad pública esencial en los establecimientos de salud.
Dentro de este contexto y en concordancia con los Lineamientos de Política de Salud, es necesario incrementar sostenida y progresivamente las coberturas de inmunizaciones, impidiendo por consiguiente la circulación de virus y bacteria que causan enfermedades inmunoprevenibles.
El Ministerio de Salud, con la RM Nº 070-2011/MINSA, establece el Esquema Nacional de Vacunación, donde la campaña nacional de Semana de Vacunación en las Américas en el Perú, es una actividad que pone en la agenda política del estado peruano las inmunizaciones.
La SVA es un extraordinario esfuerzo dirigido por los países y territorios de la Región para fomentar la equidad y el acceso a la vacunación. Las actividades de la SVA fortalecen los programas nacionales de inmunización en las Américas para llegar a las poblaciones con poco acceso a los servicios de salud regulares, como las poblaciones que viven en las periferias urbanas, zonas rurales y fronterizas y en las comunidades indígenas. En todas las actividades de la SVA realizadas en el Perú se ha contado con la participación de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la UNICEF.
Esta actividad en el Perú, se realizará desde el 22 al 30 de Abril del presente año, con el objetivo de resaltar la importancia de la vacunación y completar los esquemas de vacunación en el menor de 60 meses, buscando cubrir la vacunación en la población de difícil acceso, en comunidades pobres y extremadamente pobres, zonas rurales, fronterizas y poblaciones minoritarias.
Desde que Jenner y Pasteur iniciaron en los siglos XVIII-XIX las primeras estrategias de vacunación, se han sucedido numerosos intentos dirigidos a ampliar el número de enfermedades susceptibles de prevención y a su vez, conseguir para cada una de ellas el tipo de vacuna ideal, cuyas características están recogidas en la Tabla 1 .
De las distintas definiciones que se han hecho de las vacunas, es de destacar la que las considera como "suspensiones de microorganismos atenuados o inactivados (muertos), o sus fracciones, que se pueden administrar a personas sanas susceptibles a determinadas enfermedades, con objeto de inducirles inmunidad activa protectora contra las mismas".
Clasificación de las vacunas
1.- Microbiológico, según su naturaleza, composición y método de obtención.
2.- Sanitario, según los objetivos que se pretenden conseguir con su aplicación individual o colectiva.
3.- Vías de administración de las mismas.
1. Clasificación microbiológica
Salvo excepciones, las vacunas disponibles en la actualidad, tienen su origen en los propios agentes infecciosos contra los que se vacuna, los cuales son sometidos a diferentes modificaciones para eliminar su poder patógeno pero manteniendo su capacidad inmunógena. Las excepciones son la vacuna contra la viruela, cuyo componente es el propio virus de la vacuna (enfermedad de las vacas), que posee inmunidad cruzada con el virus de la viruela e inmuniza a los humanos contra la enfermedad, y la vacuna contra la hepatitis B empleada en la actualidad, que es obtenida por recombinación genética.
De ahí que bajo este criterio se clasifiquen a las vacunas en víricas y bacterianas; y a su vez, cada una de ellas se dividen en dos grupos: a) vacunas de microorganismos vivos atenuados y b) vacunas de microorganismos muertos o inactivados. Estas últimas a su vez se clasifican en enteras , cuando contienen el virus o la bacteria completa y de subunidades , cuando lo que contienen son antígenos secretados o fracciones víricas o bacterianas de distinta naturaleza ( Tablas 2 y 3 ).
1a. Vacunas de organismos vivos atenuados.
Las vacunas vivas consisten en preparaciones de microorganismos que pueden replicar “in vivo” en el huésped de forma similar al microorganismo nativo, originando una infección inaparente o con síntomas mínimos, provocando con ello una respuesta inmune, celular y humoral, similar aunque algo inferior a la provocada por la infección natural.
La atenuación del microorganismo, mediante pases sucesivos en diferentes huéspedes animales o medios de cultivo, es lo que garantiza la eliminación de la capacidad de inducir enfermedad; pero su gran inmunogenicidad provoca generalmente protección a largo plazo y con un mínimo de dosis (las dosis de refuerzo se administran en las vacunas vivas para evitar el riesgo de fallo en la primera dosis, no para reactivar la respuesta inmune, como ocurre con las vacunas inactivadas).
La excepción la constituye la vacuna antipoliomielítica oral trivalente tipo Sabin, de la que es necesario administrar varias dosis, para evitar los fenómenos de interferencia que pueden producirse con otros virus existentes en el tracto digestivo y los propios virus vacunales.
Como inconveniente tienen el ser vacunas más inestables, más difíciles de producir, más reactógenas y el que, en determinadas circunstancias, pueden provocar la enfermedad en el huésped o incluso propagarse a otro sujeto
1b. Vacunas de microorganismos muertos o inactivados
Las vacunas muertas o inactivadas se componen de microorganismos inactivados, térmica o químicamente, o bien se trata de fracciones o subunidades de los mismos, incapaces de reproducirse, y por ello incapaces de producir la enfermedad en el huésped o de transmitirse a otro sujeto.
Son vacunas generalmente bien toleradas, menos reactógenas que las vacunas vivas, muy seguras y de más fácil fabricación. Desde el punto de vista inmunológico son menos inmunógenas que las vacunas vivas, precisando adyuvantes, la administración de varias dosis para la primovacunación y posteriormente varias dosis de refuerzo para que la protección obtenida sea a largo plazo.
Por lo general estimulan fundamentalmente la inmunidad humoral y preparan la memoria inmunológica e incluso en algunos casos, sobre todo cuando se administran con adyuvantes o sistemas de liberación, pueden estimular la inmunidad mediada por linfocitos T citotóxicos.
Vacunas de células enteras. En ellas los microrganismos obtenidos a partir de cultivos se atenúan por pases sucesivos en animales o en medios de cultivo (sarampión, rubéola, varicela y otras víricas o bacterianas de este grupo); o bien se inactivan mediante el calor o agentes químicos diversos como el fenol o el formol (gripe, hepatitis A, antipertusis y otras).
Vacunas de subunidades o fracciones. Las vacunas de fracciones o subunidades son preparaciones purificadas o sintetizadas de determinados componentes (proteínas, péptidos, carbohidratos, toxinas, etcétera) de microorganismos.
Tienen las mismas ventajas e inconvenientes generales que las vacunas inactivadas, pero se caracterizan por una menor reactogenicidad (derivada de la ausencia de otros componentes no deseados del patógeno completo inactivado) y, por su simplicidad, mayor facilidad para generar mejoras (modificaciones estructurales, conjugaciones, moléculas recombinantes, etcétera). En la Figura se esquematizan las estrategias actuales de producción de vacunas de fragmentos.
Las vacunas de anatoxinas o toxoides se obtienen de las toxinas bacterianas que intervienen en la infección que se purifican a partir de los cultivos bacterianos y se detoxifican por la acción del calor, el glutaraldehido o el formol. Son en general vacunas que proporcionan una inmunidad intensa y prolongada (aproximadamente 10 años cuando se completan todas las dosis).
En la actualidad se dispone de los toxoides tetánico y diftérico, además del toxoide pertúsico de la vacuna acelular contra la tos ferina, aunque este último se obtiene mediante técnica de recombinación genética que aumenta su inmunogenicidad y asegura su incapacidad para revertir a la variante tóxica. Con una técnica semejante se obtuvo la mutante no tóxica de toxina diftérica CMR 197, que se utiliza como proteína transportadora en algunas vacunas de polisacáridos conjugadas.
Otras vacunas de fracciones son las que están constituidas por proteínas o péptidos que contienen epítopos protectores cuya identificación por técnicas genéticas, bioquímicas e inmunológicas permiten determinarlos con gran especificidad.
De ellas y entre las no recombinantes, están la vacuna plasmática contra la hepatitis B obtenida del antígeno de superficie del virus B (aislada del plasma de sujetos infectados) y las diversas vacunas acelulares contra la tos ferina obtenidas a expensas de los antígenos mayores de Bordetella pertussis , tales como la toxina pertúsica inactivada, la hemaglutinina filamentosa, la pertactina y uno o más tipos de aglutinógenos de las fimbrias bacterianas.
De gran interés actual son también las vacunas de subunidades constituidas por polisacáridos capsulares , sobre todo después de la conjugación de éstos con transportadores proteicos. Es conocido que múltiples microorganismos poseen una cápsula externa de naturaleza polisacárida y que los anticuerpos que generan son protectores frente a la infección.
Este fue el fundamento de las primeras vacunas de polisacáridos, donde este componente del microorganismo actúa como antígeno. Así surgieron las vacunas de este tipo frente al Haemophilus influenzae tipo b, los meningococos A, C, W e Y 135 y frente al neumococo, primero con 14 serotipos (14-valente) y posteriormente con 23 (23-valente).
Sin embargo estas vacunas tienen como inconvenientes que sólo evocan respuesta inmunitaria humoral mediante anticuerpos opsonizantes a partir de los dos años de edad, que la protección que ofrecen es poco duradera y que no inducen fenómenos de memoria inmunológica con las revacunaciones.
Por ello ha supuesto un gran avance la conjugación de los antígenos polisacáridos capsulares con proteínas transportadoras, fundamentalmente mutantes atóxicas de toxina diftérica, tetánica o de proteína de membrana del meningococo B.
De esta manera se transforma un inmunógeno T-independiente en T-dependiente y surgen las llamadas vacunas conjugadas que, a diferencia de las de polisacáridos simples, son inmunógenas desde los primeros meses de la vida, confieren inmunidad a la mayoría de los indivíduos que las reciben, la inmunidad que inducen es duradera, y generan fenómenos de memoria inmunológica con las revacunaciones.
De ellas tenemos como disponibles actualmente las vacunas conjugadas contra el Haemophilus influenzae tipo b, el meningococo C y contra los serotipos de neumococo 4, 6B, 9V, 14, 18C, 19F y 23F (vacuna antineumocócica conjugada heptavalente). Vacunas todas ellas de gran interés por su eficacia en los menores de 2 años, que es la edad precisamente de mayor susceptibilidad a las infecciones invasivas causadas por dichos agentes patógenos
Dentro de la clasificación microbiológica de las vacunas y según el método de obtención del antígeno, se pueden diferenciar las vacunas clásicas o no recombinantes, en las que no se utilizan las técnicas de recombinación de ADN para su obtención, y vacunas en las que se utilizan dichas técnicas.
Vacunas y ADN recombinante. Dentro de estas vacunas se diferencian dos variedades: las recombinantes y las sintéticas.
En las vacunas recombinantes la vacuna está compuesta por partículas proteicas producidas en células huésped, generalmente levaduras, en las que se ha insertado por técnicas de recombinación de ADN el material genético responsable de su codificación.
Es el caso de la vacuna recombinante contra la hepatitis B, en la cual la recombinación del gen S que codifica el HBsAg en las células del huésped, permite obtener partículas de HBsAg casi idénticas a las que circulan en el plasma de personas infectadas. Son vacunas por tanto de genes clonados y expresados.
Las vacunas sintéticas se elaboran a partir de polipéptidos que copian la secuencia primaria de aminoácidos de los determinantes antigénicos del microorganismo. Este tipo de vacunas ha tenido un escaso desarrollo, ya que uno de sus principales obstáculos parece ser la escasa inmunogenicidad de estos péptidos sintéticos, que precisarían el concurso de proteínas transportadoras capaces de aumentar su antigenicidad.
Otras vacunas basadas en técnicas de ADN recombinante, como las vacunas de genes expresados en vectores o las vacunas de ADN desnudo están en fase experimental, aunque son en general muy prometedoras por su capacidad de proporcionar una protección a largo plazo y ser relativamente estables en diversas situaciones. Sin embargo se cuestiona su seguridad en relación a la inducción de tumores o fenómenos de autoinmunidad.
Igualmente están en fase experimental las llamadas vacunas antiidiotipo , contra moléculas peligrosas como endo o exotoxinas, y otras.
Tipos de vacuna según su composición y aplicación. Según su composición las vacunas pueden contener uno o más antígenos de la misma o de diferentes especies. Así se denomina vacuna monocomponente cuando contiene un antígeno de un solo microorganismo y vacuna multicomponente cuando contiene varios antígenos de la misma especie, como ocurre con las vacunas acelulares de la tos ferina.
Cuando contienen varios serotipos o serogrupos de un mismo germen se habla de vacunas polivalentes. Son, por ejemplo, las vacunas contra meningococos A y C o las vacunas 23-valente o heptavalente contra el neumococo.
En relación a su aplicación , se pueden considerar las vacunas simultáneas y las vacunas combinadas . Las primeras con aquellas que se administran en el mismo acto vacunal, pero separadas físicamente.
Cuando se combinan físicamente diversas vacunas individuales, es decir se combinan varios agentes inmunógenos antes de su administración en la misma jeringa, se habla de vacunas combinadas, las cuales tienen su propia tecnología de fabricación y sus controles de inmunogenicidad, reactogenicidad y eficacia protectora, debiendo demostrarse que son al menos tan eficaces y no más reactógenas que cada uno de sus componentes por separado.
De ellas, además de las de tres componentes clásicas (DTP, triple vírica) han ido apareciendo en los últimos años las de cuatro, cinco y seis componentes. En estas últimas se asocian las vacunas para difteria, tétanos, tos ferina acelular, polio parenteral, Haemophilus influenzae tipo b y hepatitis B.
Las principales ventajas son entre otras las de disminuir el número de inyecciones que el niño recibe en cada momento vacunal, disminuir el número de visitas al centro de vacunación, mejorar el cumplimiento del calendario de vacunaciones y permitir una mejor armonización de dichos calendarios entre regiones o países con circunstancias sociales y sanitarias semejantes.
2.- Clasificación sanitaria
La clasificación sanitaria de las vacunas se basa en los objetivos epidemiológicos que se pretende alcanzar con la aplicación de las mismas a la población.
En relación a estos objetivos epidemiológicos deben considerarse dos grandes grupos de enfermedades infecciosas vacunables: las de reservorio humano y transmisión interhumana, como las enfermedades respiratorias, sarampión, varicela, difteria, tos ferina y otras, y las de reservorio no humano como las zoonosis.
En ambos grupos el objetivo de la vacunación es proteger al individuo vacunado contra el agente correspondiente. Pero en las primeras la vacunación no solo debe proporcionar una protección individual, sino también una protección colectiva, la llamada inmunidad de grupo, que contribuye a romper la cadena de transmisión y obtiene resultados superiores a la suma de las inmunidades individuales.
Esta inmunidad colectiva es la que protege a la comunidad del riesgo de una epidemia, confiere protección indirecta a los individuos no vacunados y puede eliminar la enfermedad cuando su tasa es suficiente para interrumpir la transmisión de la misma.
De ahí que desde el punto de vista sanitario se consideran dos grupos de vacunas: las de recomendación sistemática o universal y las optativas o no sistemáticas.
Vacunas sistemáticas. Son aquellas cuyo objetivo es proteger a las personas susceptibles y obtener también la inmunidad de grupo, para así controlar y si es posible, eliminar la enfermedad en la comunidad. Son por tanto vacunas recomendadas para toda la población, salvo contraindicaciones concretas.
En todos los países se aplican dentro de los programas de salud pública, siguiendo una cronología determinada que suele plasmarse en los calendarios vacunales.
Vacunas optativas o no sistemáticas. Son aquellas que no forman parte de un programa de salud pública como las anteriores. Su aplicación tiene carácter individual o en grupos de población, y se basa en circunstancias personales, ambientales o de otro tipo que rodean al paciente.
Dentro de ellas pueden establecerse tres grandes grupos de indicaciones:
1) Existencia de factores de riesgo individuales o ambientales, como edad, profesión, enfermedades crónicas, catástrofes, exposición a algunas enfermedades, u otras.
2) Circunstancias epidemiológicas determinadas, como brotes epidémicos o contactos íntimos.
3) Viajes internacionales a determinados países con alta incidencia de ciertos procesos no incluidos en las vacunaciones sistemáticas.
3.- Clasificación según vías de administración
Finalmente, bajo este criterio se consideran las siguientes:
1.- Vacunas inyectables:Como perspectivas de futuro aparecen las vacunas comestibles derivadas de plantas transgénicas, y las vacunas percutáneas mediante parches transdérmicos
Intradérmica (BCG y rabia).2.- Vacunas orales (VPO, antitífica oral Ty21a y anticolérica oral CVD103-HgR)
Subcutánea (SRP, VPI, neumocócica, meningocócica, tifoidea parenteral, fiebre amarilla, varicela, encefalitis japonesa)
Intramuscular (las subcutáneas y además HB, HA, DTP, DT, T, D, DTPa, Hib, gripe, neumocócica conjugada, rabia (VCDH, VRA), encefalitis por garrapatas).
3.- Vacunas inhaladas intranasales (vacuna de la gripe adaptada al frío-no disponible en España-)






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